SILENCIOS DE CEMENTERIO

  Luego de 3 años de bloqueo, muerte y resistencia, la ciudad siria de Deir Ezzor está a punto de ser liberada de los terroristas de ISIS. Esto no lo vas a leer ni ver en ningún medio masivo.
Siria dejó de ser una moda informativa luego de que las tropas del Ejército Árabe Sirio, junto a sus aliados, liberaron la ciudad de Aleppo en diciembre pasado. En aquél entonces, como en todo el desarrollo de esta guerra-invasión[1], los medios de comunicación de este lado del vecindario construían una bella mercancía apta para consumir en los prime time televisivos: bombardeos de últimos hospitales, hambrunas producto del bloqueo del gobierno, ataques químicos, rescates de personas atrapadas bajo los escombros de algún edificio bombardeado, últimos mensajes y hasta una niña siria de 7 años que tuiteaba en perfecto inglés. Después de que la liberación se efectivizó, toda esta metralla de inventos y mentiras que interpelaban al sentimentalismo pequeñoburgués comenzaron a fenecer, una tras otra[2].
  De repente se descubrió que en los barrios alepinos controlados por los terroristas no había 200.000 civiles, sino que estaban vacíos, fue por esto que las fuerzas gubernamentales avanzaron con tanta rapidez. Los “últimos hospitales” no cesaban de desaparecer: todos los días se bombardeaba el último hospital de Aleppo. Los presuntos ataques químicos eran ilógicos en una coyuntura táctica en la que el ejército estaba arrasando a los terroristas y que, además, según la OPAQ desde 2014 no poseía ningún arma de ese tipo en su inventario[3]. Pero lo más espeluznante de todo fue la fabricación de bombardeos y rescates por parte de los bomberos de Al Qaeda: los llamados Cascos Blancos o White Helmets. Esta organización era tan neutral y humanitaria que le daba la flexibilidad a sus miembros para ser terroristas armados con la cámara apagada y rescatistas cuando ponían a grabar a su Go Pro[4]. El cénit de toda esta sangrienta fábula fue cuando Netflix grabó un documental de estos terroristas y ganaron un premio Oscar, lo cual en definitiva es totalmente coherente con los intereses concretos de Estados Unidos en Siria.
  Luego encontramos a la cándida Bana Alabed. Esta niña siria de 7 años tuiteaba desde la ciudad de Aleppo expresando su temor por la llegada del Ejército sirio, interpelaba a Obama para que pare el avance gubernamental y escribía a los financistas británicos de los terroristas para que “frenen a Al Assad y a Putin”. Luego de que los televidentes y lectores se secaran las lágrimas, la verdad también brotó: Tanto el padre como la madre de esta niña eran fervientes militantes de Al Nusra, otro sello de goma de Al Qaeda, que, al mejor estilo trotskista universitario, cambia de nombre tras cada fracaso. Hoy la familia Alabed vive en Turquía, ese mismo país que robó todas las líneas de producción de las fábricas de Aleppo, sencillamente porque el Sultán Erdogan reconoció que era una buena oportunidad para eliminar a la competencia en la producción textil[5].
  Todo lo antes descripto no es una conclusión de años de estudio ni de lecturas sesudas. Lo expresado en líneas anteriores se desprende de “matrices operativas” y de comprobaciones empíricas: las mismas fuerzas imperialistas que quisieron desmembrar a Siria aplicaron la misma receta en otros momentos. En Kuwait con las incubadoras, en Irak con la acusación de poseer armas de destrucción masiva, en el reciente asesinato de Gadaffi[6]… y podemos llenar una biblioteca entera con ejemplos. Sólo basta con estar atentos, ser curiosos y verificar la información. Porque la mierda siempre huele a mierda, en 1990, en 2003 o en 2011.
  Ubicada en el extremo oriental de Siria, antepuesta por un vasto desierto rico en petróleo, la ciudad de Deir Ezzor descansa sobre la costa oeste del rio Éufrates, y es la capital de la provincia del mismo nombre. El último censo oficial arrojó que en 2004 vivían en esa ciudad unas 211.000 personas. En el estado actual de guerra resulta imposible conseguir cifras oficiales de las personas que están atrapadas y rodeadas, pero se estima que aún hay entre 80.000 y 120.000[7] personas sumando personal militar, gubernamental y civiles. Organismos dependientes de la ONU y el gobierno sirio estuvieron enviando bienes arrojándolos por vía aérea, lo cual alivia la situación pero no evita que ISIS masacre a civiles.
  Luego de la recaptura de Palmira, en marzo de 2016, los estrategas del Estado sirio y sus asesores rusos evaluaron la posibilidad de adentrarse en el desierto para levantar el bloqueo de la ciudad de Deir Ezzor y recapturar los estratégicos pozos petroleros y de gas, ubicados en el centro este del país. De vital necesidad económica, esos pozos estaban en manos de los terroristas y era una de sus principales fuentes de financiamiento (quedará en la inquietud del lector el hecho de averiguar quién le compraba el petróleo a ISIS). Así fue como, en una espiral virtuosa, el Ejército sirio y sus aliados fueron avanzando hacia el este metro a metro, a sangre y fuego para concretar una doble estrategia de socavar el sustento económico de ISIS y solucionar el gravísimo déficit energético de la economía y de los civiles. Más conquistas, más petróleo, más conquistas.
  Así es como luego de 400.000 muertos[8] y desaparecidos, la destrucción total del entramado socioeconómico de una nación y la obliteración de la infraestructura, el pueblo sirio, sus dirigentes y el incalculable aporte de sus aliados están torciendo el rumbo de la guerra hacia una victoria definitiva. Como describía al principio del artículo, la ciudad de Deir Ezzor estuvo bloqueada y bajo ataques constantes de ISIS por 3 años hasta el día de hoy, en el que las fuerzas sirias se encuentran a 3 kilómetros del asediado Regimiento 137. La fábrica de post verdad, el financiamiento a terroristas, la invasión y el bombardeo indiscriminado a civiles no pudo contra la resiliencia de un pueblo y sus gobernantes.  
  Para otro momento quedará el análisis sobre algunos movimientos que se cuelgan el cartel de “izquierdas” y que apoyaron (o apoyan) a las fuerzas terroristas que proyectaron despedazar a Siria y entregarla como ofrenda a los poderes occidentales. Esos mismos terroristas que desean implementar la Ley Islámica en un país laico aconfesional, aquellos terroristas que comían corazones de los soldados sirios asesinados, esos mismos que capturaron a un niño palestino en un hospital y lo decapitaron. Cuando llegue el momento de pagar la cuenta, a algunos no les alcanzará la vida.
  El gobierno sirio no es ni fue perfecto. Bashar al Assad no es Nasser ni Putin es Brezhnev, ni tampoco occidente es un “espejo fiel” en donde Siria pueda reflejarse, de hecho ocurre todo lo contrario: las potencias imperiales dan clases de moral con la bragueta baja. Dicho lo dicho, lo que sigue tiene fuerza de ley: todo análisis de la historia reciente de Siria debe partir de la premisa básica de que los problemas de Siria sólo deben ser resueltos por los sirios, con recetas sirias. Pareciera ser que, por desgracia, el único lenguaje que entienden los terroristas (y el imperialismo invasor) es el de las armas y así el pueblo sirio los está derrotando. Mientras tanto, en el oeste del mundo habla el silencio, lloran las viudas de la “oposición moderada”. Con Siria no pudieron.  El imperialismo está de luto.
  






[1] Aquí, una cadena de tweets que explican como desembarcó la “primavera árabe” en Siria https://twitter.com/_ju1_/status/640282931236327425
[2] Se adjunta una compilación de mentiras y escenificación de bombardeos. https://twitter.com/_ju1_/status/780441632168677376
[3] La OPAQ, Organización para la Prohibición de Armas Químicas fiscalizó junto a una misión de la ONU la destrucción de este tipo de armamento dentro de la República Árabe Siria, según consta en la página de la organización: https://www.opcw.org/fileadmin/OPCW/CSP/C-19/es/c1904_s_.pdf
[4] Compilación de videos y pruebas fotográficas en https://twitter.com/_ju1_/status/760899265224900608
[6] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130816
[8] http://www.citypopulation.de/Syria.html

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