EL FILM METRÓPOLIS, DE FRITZ LANG - HISTORIA, CONTEXTO Y ANÁLISIS

1.      INTRODUCCIÓN
El presente trabajo se va a basar en el análisis del film “Metrópolis”, de Fritz Lang y Thea Von Harbou. En tal sentido se va a intentar desglosar las características culturales que puedan hallarse en él y entrelazarlas con el período de la historia alemana conocido como la República de Weimar en las consideraciones finales. Esto va a realizarse con la guía de diversos autores, los cuales serán enumerados en el devenir del análisis.
Se va a comenzar por realizar una ficha técnica del film, para luego continuar con el análisis propiamente dicho.

2.      ANÁLISIS
“Siempre tengo a mi lado mi Dios, así me das más”
Motor Psico
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

2.1 Ficha Técnica y sinópsis
Dirección: Fritz Lang.
Guión: Thea von Harbou, Fritz Lang.
Fotografía: Karl Freund, Günther Rittau.
Dirección artística: Otto Hunte, Erich Kettelhut, Karl Vollbrecht.
Intérpretes principales: Brigitte Helm (María/Parodia), Alfred Abel (Joh Fredersen), Gustav Fröhlich (Freder Fredersen), Rudolf Klein-Rogge (Rotwang), Heinrich George (Grot).
Productura: Universum Film AG (UFA).
Productor: Erich Pommer.
Distribuidora: Parufamet.
Estreno: 10 de enero de 1927.
Largo original: 4,189 metros (175 minutos aprox.)
Sinopsis: Año 2026. El magnate industrial Joh Fredersen gobierna sobre la ciudad de Metrópolis. Los ricos de la ciudad viven cómodamente en magníficos rascacielos, mientras que los trabajadores viven debajo de la superficie de la tierra, junto con las máquinas a las que están sometidos. Un día llega María, la líder de los trabajadores, acompañada de algunos niños a los ‘Jardines Eternos’ —donde los hijos de los ricos de Metrópolis se divierten— predicando la hermandad de clases. Freder, el hijo del dueño de la ciudad, se enamora de María y la sigue a las catacumbas, donde ve como los trabajadores están sometidos a un régimen cuasi esclavista. Ahí también recibe un plano para un mitin de esos trabajadores. Mientras tanto, Joh Fredersen ha recibido planos similares de Grot, el capataz. Preocupado por el movimiento entre los trabajadores va a ver a Rotwang, una combinación entre científico y hechicero quien vivía en una casa cuya arquitectura no coincidía con los espectaculares rascacielos de la ciudad. Éste le muestra su última creación, un robot femenino, y lo lleva a espiar el mismo mitin al que ha ido Freder, donde María predica que ‘el mediador entre las manos y la cabeza debe ser el corazón’. Fredersen le pide a Rotwang que le dé a su robot la apariencia de María, para confundir a los obreros y desbaratar su confianza en María. Rotwang captura a María y le transfiere su apariencia a la robot. Luego, exhibe a la María robótica a los ricos de Metrópolis para ver si alguien se da cuenta que no es humana. Habiendo pasado esta prueba, Rotwang la manda a incitar a los trabajadores a destruir la máquina central de Metrópolis. Éstos así lo hacen, sin saber que están causando la inundación de su parte de la ciudad, donde se encuentran sus hijos. Los niños de los obreros son salvados por Freder y la auténtica María, quién ha logrado escapar de la casa de Rotwang. Cuando los obreros se dan cuenta que han estado a punto de ahogar a sus propios hijos apresan a la María robótica y la queman en la hoguera. Por su parte, Freder lucha por la verdadera María con Rotwang en las alturas de la catedral. Éste último cae de una cornisa y muere. Al final, se produce la reconciliación de Fredersen y los trabajadores, actuando Freder de mediador.
Catalogada por especialistas bajo la corriente del llamado Expresionismo Alemán, sus principales características son:
-          Exposición de sentimientos y tensiones psicológicas de los autores que sofocan la psiquis del espectador.
-          Temas como el amor, el miedo, la represión de los instintos y la locura van a ser los principales.
-          Desarrollo de nuevas técnicas cinematográficas como el juego con la iluminación y los claroscuros, grandes escenografías y combinaciones de planos amplísimos y abrumadores primeros planos donde pareciera que se puede ver el alma del personaje.
-          Sumerge necesariamente al espectador en la trama a través de la hipersubjetividad demostrada con los primeros planos a los personajes.  
Este film ha sido objeto de sucesivas censuras, por tal motivo la secuencia original fue salvajemente mutilada. En 2008 se logra restaurar la longitud original con la ayuda de una copia intacta, aunque en pésimo estado de conservación, hallada en Buenos Aires. Se reestrenó en Berlín en 2010 con orquesta en vivo. Ésta es la versión tomada para el análisis.

2.2 ¿Metrópolis Nazi?
Realizando una suerte de “estado de la cuestión”, la película fue sesudamente analizada por distintos autores y en distintos contextos históricos. Un hilo común entre todos los análisis es la cuestión del nazismo. Como puede observarse en la ficha técnica, la película se terminó de filmar en 1927 por lo cual en sentido estricto sería un somero anacronismo tildarla de “Nazi”, así sin más.
El inconveniente principal es que los diversos analistas se dejan llevar por la sombra terrible que cubrió a toda Europa (y a Alemania principalmente) en años posteriores aplicando un análisis teleológico. Sin embargo, pueden rastrearse en la línea argumental de la película ciertos tópicos que concuerdan con el posterior desarrollo de los acontecimientos en Alemania:
-          La reivindicación del romanticismo y la cultura völkisch ante la ciudad, el cosmopolitismo y la tecnología.
-          La interpretación del Estado como fase superadora y totalizadora de los conflictos entre capital y trabajo, idea extraída principalmente de Hegel.
Llegado a este punto y antes de continuar, debe advertirse un pequeño gran detalle. El libro en el cual se basa la película es de Thea von Harbou, por entonces esposa del director Fritz Lang. Varios años después de la filmación, Lang comenta en una entrevista que no estaba de acuerdo con las ideas de su mujer, pero que igual las llevó a la pantalla. De hecho, la autora se afilia al partido Nacionalsocialista y Lang debe exiliarse, primero en Francia y luego en EEUU.

2.3 El hombre esclavo de su propia creación
Las consecuencias del progreso científico-tecnológico ha sido un tema recurrente en la historia del cine. Fue constante desde principios del Siglo XX esta indagación que ha desvelado a muchos que pensaban que el avance de la técnica podría acarrear consecuencias nefastas para la humanidad, por ejemplo “El hombre esclavo de la máquina” o “las máquinas desarrollando sentimientos humanos”. En Metrópolis, los obreros no tienen nombre, son números… así, por medio de un impecable lenguaje estético en un doble eje, el director expone esta problemática en la escena en la cual una máquina se transforma en un tenebroso monstruo que devora un obrero tras otro o cuando Rotwang “da vida” a la Maria Robot, llamada Parodia en el libro.
De esta manera, así como los Aztecas debían realizar sacrificios humanos para alimentar a los dioses con sangre y evitar el Apocalipsis, los “nuevos dioses-máquina” también demandan sangre humana para vivir: “(…) Y la máquina que ha absorbido y devorado la médula espinal y el cerebro del hombre y le ha vaciado el cráneo con la lengua suave de su largo y callado siseo, brilla aceitada, hermosa, infalible, en su círculo de luz plateada. Baal y Moloc, Huizilopochtli y Durgha.(…)”[1]

2.4  Degeneración moral
Esta suerte de “acusación” forma parte de una de las preocupaciones políticas y sociales que determinados grupos de derecha tenían durante la República de Weimar. Según esta argumentación, en las ciudades se encontraba la degradación, la podredumbre, la promiscuidad. En la ciudad vive Baco, Dionisio, el estruendo, el caos delirante del tiempo escurriéndose como arena en los dedos. Así, la reserva moral de la nación alemana estaba en el campesino, en el hombre que tenía contacto con su tierra, sencillo y de tradiciones arraigadas. José Pablo Feinmann pone en palabras de uno de sus personajes la visión que tenían los sectores de ultraderecha sobre Berlín y de las grandes urbes en general: “(…) Reiner me habló de infinitas cosas, pero, de a poco, su repugnancia, su odio por el cosmopolitismo decadente, se concentró en un antro, esa palabra usó, de diversión nocturna, un engendro berlinés que resumía todas las bajezas de la democracia, del parlamentarismo socialdemócrata, del cosmopolitismo judío, de la decadencia afrancesada y la opulencia de la vieja aristocracia germana, alcoholizada hasta la imbecilidad o la demencia, estragada por los vicios de la derrota. Esa creación demoníaca, pestilente, dijo, era el Cabaret (…)”[2]. El cabaret de Metrópolis se llama Yoshiwara, allí es donde los ciudadanos ricos son devorados por los placeres cosmopolitas.

2.5 El fantasma que recorre toda Europa
En cuanto a lo político, se observa un planteo del peligro y el apocalipsis que la revolución comunista podría llegar a traer. En contrapartida y como un mensaje fuerte y claro se plantea una férrea jerarquización social en la cual cada sector asume el lugar que le toca en beneficio de un supuesto bien común. Siguiendo la parábola argumental de Von Harbou y Lang, se vislumbra una solución “conciliadora” del conflicto entre capital y trabajo, en la cual la moraleja mas fuerte que se desprende es que la vía de la rebelión no es una solución al conflicto.
El metamensaje encaja perfecto con la tesis nacionalsocialista, que postula que capital y trabajo deben aunar esfuerzos en pos de una supuesta grandeza nacional. Ampliando esta idea, el nacionalsocialismo como ideología está formado por cuatro corrientes principales, a saber:
-          Un nacionalismo devenido en imperialismo.
-          Idolatría del Estado omnipotente en un marco conservador y autoritario.
-          Una suerte de socialismo estatalista que pretendía unir el romanticismo social y el socialismo de Estado.
-          Una ideología comunitaria basada en supuestos étnicos y racistas devenida en darwinismo social, lo cual se convertiría en idea troncal del nacionalsocialismo alemán señalando al judaísmo como “enemigo número 1”.
Una frase es el núcleo argumental de la película: “Entre el cerebro y el músculo debe mediar el corazón”. Frase que a primera vista suena un tanto ambigua, utópica, pacifista pero que abona la concepción nacionalsocialista mencionada anteriormente. Si el cerebro fuese la elite propietaria de los medios de producción, el músculo la fuerza de trabajo y el corazón-mediador el Estado, aquel mensaje subliminal se transforma en un cartel luminoso.

2.6 Religión y mito.
Las referencias religiosas y mitológicas minan el film. En forma directa se pueden observar cruces, pentáculos, la Torre de Babel, altares y hasta el nombre de la protagonista, María, hace referencia directa a una figura central del catolicismo. Estas menciones se incrementan aún más en el libro al dar cuenta de los nombres de las máquinas (Moloch, Paternoster, etc.). Luego en la escena en la que Parodia baila en el cabaret Yoshiwara para la concurrencia puede verse que está entronizada y bajo ella hay siete figuras humanas que representan los pecados capitales.
Entretanto, en el argumento puede verse el miedo de los personajes a un Apocalipsis que se iniciaría con la rebelión de los trabajadores o en la tesis misma del mediador o de la “hermandad” de todos los seres humanos por sobre los antagonismos de clase.

2.7 Rebelión del hijo contra el padre
Hasta antes del final y durante todo el film, el hijo de Joh Fredersen, Freder, se rebela contra los designios de su padre. Contemporáneo a la filmación, el proceso de la República de Weimar sufre también esta condición al intentar socavar los pervivientes intereses imperiales en pos de una república parlamentaria.
En la película, como no podía ser de otra manera, padre e hijo terminan conciliándose. En la historia alemana, el padre le da un sangriento escarmiento al hijo: “(…) en el contexto de la rebelión del hijo contra el padre, que afecta directamente a los valores atávicos del ejército alemán, los dirigentes militares, en su deseo de recuperar las posiciones de 1918, alimentan un nuevo símbolo para la República: la teoría de la puñalada por la espalda (Dolchstosslegende). Como si del Sigfrido de “Los Nibelungos” se tratara, el ejército se compara con un héroe épico herido de muerte a traición”[3].

3. CONSIDERACIONES FINALES
Metrópolis se estrenó el 10 de enero de 1927 y fue un fracaso de taquilla. La UFA, organismo que financió a Fritz Lang, quedó al borde de la quiebra debido a la imposibilidad de recuperar lo invertido y a la gran crisis inflacionaria que enfermó a la economía alemana. Crisis económica, violencia política y una república inmadura a la que algunos pretendían defender y otros ayudaban a morir.
Luego vino la censura, la traducción, el cambio de nombre de los personajes para adaptarlo al público estadounidense, en fin, la mutación de la obra original fue tal que Lang en ocasión de ser entrevistado preguntó: “¿Por qué están tan interesados en una película que ya no existe?”. El director poseía un estilo meticuloso, preciso, que no dejaba nada librado al actor. Toda escena estaba detalladamente descripta y debía ser grabada de esa manera y no de otra. Así fue que para el creador su criatura había muerto.
Tuvieron que transcurrir millones de muertes (porque el tiempo desde el siglo XX se mide en cadáveres y no en años) para que esta obra sea vista dentro de un largo proceso, tanto cinematográfico como histórico en general, y sea revalorizada y catalogada por la UNESCO como “Memoria del Mundo”. Hoy es una referencia obligada dentro del cine mudo y representante ineludible de la corriente Expresionista.
Océanos de tinta se han vertido para analizarla. Algunos han concluido que ineludiblemente apoyaba a la corriente nacionalsocialista, otros que sólo es una obra que trata sobre el amor, la compasión y la (re) conciliación. Lejos de ser un debate cerrado, las variantes se amplían con nuevos aportes dando cuenta de su abrumadora y desafiante complejidad.
Para sembrar más ambigüedad, una frase escrita por Thea Von Harbou en la primera hoja del libro que dio vida a la película advierte al lector:
“Este libro no es de hoy ni del futuro.
No habla de un lugar.
No sirve a ninguna causa, partido o clase.
Tiene una moraleja que se desprende de una verdad fundamental:
´Entre el cerebro y el músculo debe mediar el corazón´”[4]
   
4.BIBLIOGRAFÍA
- BRACHER, K.D. La dictadura alemana. Génesis, estructura y consecuencias del nacionalsocialismo. Volumen 1, Madrid, Alianza, 1995.
- DIEZ ESPINOSA, J.R. Sociedad y cultura en la República de Weimar: El fracaso de una ilusión, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996.
- FEINMANN, J.P, La sombra de Heidegger, Buenos Aires, Planeta, 2015.
- KRACAUER, S, De Caligari a Hitler. Historia psicológica del cine alemán. Buenos Aires, Nueva Visión, 1961.
- PAYNE, S.G, Historia del Fascismo, Barcelona, Planeta, 1995.
- SCHULZE, H, Estado y nación en Europa. Buenos Aires, Crítica. 1997.
- VON HARBOU, T.,  Metrópolis, Madrid, Hyspamerica, 1985.




[1] VON HARBOU, T. Metrópolis. Madrid, Hyspamerica, 1985. P. 29.
[2] FEINMANN, J.P. La sombra de Heidegger. Buenos Aires, Planeta, 2015. P.20.
[3] DIEZ ESPINOSA, J.R. Sociedad y cultura en la República de Weimar: El fracaso de una ilusión, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996, p.106.
[4] VON HARBOU, T. Metrópolis. Madrid, Hyspamerica, 1985. P. 5.

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