EL RÍO DE LA PLATA, 1776-1854. DEBATES, ESCENARIOS Y ACTORES

1.A. Breve introducción fáctica
En cuanto a los acontecimientos se hará un recorte general, cuyos límites serán las Reformas Borbónicas y la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y la caída de Juan Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros de 1852. A su vez y con el fin de lograr una correcta articulación con los núcleos temáticos  se va a subdividir en dos bloques: 1776-1820 y 1820-1852.
Dentro de ese gran período de casi 100 años se contemplan otros fraccionamientos temporales. En este sentido pueden identificarse subgrupos tales como: 1806-1810, en donde el proceso de militarización de los estratos subalternos debido a las invasiones inglesas será un factor preponderante. Sumado a esto hay que incluir la hipótesis de Tulio Halperín Donghi, por medio de la cual afirma que la Revolución de Mayo fue inducida por factores externos al espacio geográfico del Virreinato, como la crisis del poder central español. Luego, 1810-1820 se caracteriza por el creciente poder de un nuevo sujeto político como las milicias y la dinámica política entre los distintos actores, las luchas facciosas (saavedristas vs morenistas), la irrupción de la Logia Lutaro, los Triunviratos y el Directorio, culminando con la Batalla de Cepeda en 1820 y el surgimiento de las autonomías provinciales. En el lapso 1820-1829 se destaca el surgimiento de los Estados Provinciales como actores políticos y también en forma nuevos espacios, comenzando con la llamada “Anarquía del año ´20”, continuando con la “Feliz Experiencia” de Buenos Aires y las reformas rivadavianas. Para finalizar, el periodo 1829 a 1852 se destaca el surgimiento de Rosas como un nuevo actor político en el escenario provincial e interprovincial.
1.B. Paradigmas generales de la historiografía argentina 
En el devenir de la disciplina histórica han convivido o conviven distintas escuelas de investigación o paradigmas. Durante la consolidación del Estado Nación, a finales del siglo XIX, prevalece una historiografía orientada a apuntalar la nueva organización política. La tesis de la preexistencia de la nación de una clara matriz teleológica, esbozada en los trabajos de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, es el núcleo de esta etapa historiográfica.
A la luz del positivismo lógico de principios del siglo XX, la historiografía cambia de perspectiva y toma la senda desarrollada por el alemán Leopold Von Ranke, en la cual la investigación histórica se realiza analizando documentación oficial. A esta se la llama Nueva Escuela Histórica. Fue una etapa de profesionalización en donde se pretendía demostrar objetividad y poseía un claro perfil enciclopedista. Sin embargo, estas modificaciones fueron solo metodológicas ya que no rompen con la tradición mitrista.
A continuación se observa una corriente contestataria en relación a la perspectiva mitrista. El revisionismo histórico, llevado a cabo principalmente a través del Instituto Juan Manuel de Rosas, creado en 1938. A través de este instituto se pretendió canalizar la investigación histórica con el fin de reivindicar la otrora vilipendiada figura de los caudillos como depositarios de un supuesto “ser nacional” en detrimento a la tendencia de la Nueva Escuela Histórica, acusada de elitista y cipaya. Dentro del Instituto Juan Manuel de Rosas convivieron, no sin fuertes conflictos, tendencias nacionalistas y de izquierda.
A finales de los años ´50, luego del período peronista, se da una renovación historiográfica importante gracias al aporte de la sociología de la mano de Gino Germani y de la importación de los postulados de la Escuela de Annales a través José Luis Romero. En la “Nueva Historia Argentina” los conceptos de historia total, estructura y coyuntura pasaron a formar parte del bagaje metodológico de la disciplina. Sin embargo, durante la dictadura de Onganía, huyeron del país muchos de los grandes cerebros de esta camada renovadora como Tulio Halperín Donghí, José Chiaramonte, Ezequiel Gallo o Nicolás Sánchez Albornoz.
La historiografía marxista también hizo su aporte al derrotero nacional, sin embargo, no se concentró en una escuela o tradición. Desde principios del siglo XX, a través del PC, el marxismo ha aportado ciertos ejes de debate importantes como la extrapolación del debate Dobb-Sweezy sobre la transición del feudalismo al capitalismo en américa latina. Dentro de este grupo convivieron figuras como Rodolfo Puiggrós, Eduardo Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, Jorge Abelardo Ramos, Milcíades Peña, Juan José Hernández Arregui y Carlos Sempat Assadourian, entre otros.  
Luego de la restauración democrática en 1983, se produjo la vuelta de los exiliados por la dictadura de 1976 y las anteriores, de esta manera se retoma el temario y la metodología de la Nueva Historia Argentina. Se centraron en reconstruir los devastados espacios académicos y en integrar a la academia argentina con las principales tendencias historiográficas mundiales.
En el aspecto de las publicaciones, es imprescindible resaltar toda la obra de Halperín Donghi pero principalmente dos trabajos que fueron publicados en 1972: “Revolución y Guerra” y “De la independencia a la Confederación rosista”. Cabe destacar también el tomo 3 de la colección “Nueva Historia Argentina” dirigido por Noemí Goldman, el cual se publicó a finales de los años ´90. 
Por último, y llegando al tiempo presente hay que mencionar el proyecto realizado por la Fundación Mapfre y la Editorial Santillana en 2010. La misma, llamada “América Latina en la historia contemporánea” consta de 95 volúmenes que analizan las particularidades históricas de las naciones americanas pero que a su vez está diseñada para establecer una clave comparativa entre ellos. De esta manera, hay 5 tomos dedicados a Argentina, los cuales fueron dirigidos por Jorge Gelman.
2. 1776-1820. DEBATES, ESCENARIOS Y ACTORES
Las Reformas Borbónicas dieron a Buenos Aires y al Virreinato del Río de la Plata una importancia geopolítica que hasta entonces no había tenido para la metrópoli española. De esta manera, el marginal puerto sureño se convirtió en cabeza jurisdiccional, facilitando el asentamiento y proliferación de una elite comercial. El espacio virreinal es bien descripto en las primeras páginas de “Revolución y Guerra” de Tulio Halperín Donghi.   
2.A. Debates en torno a la emancipación y la crisis del orden colonial.
En relación a este debate se deben mencionar las distintas hipótesis que se sostuvieron. Bartolomé Mitre afirma que el proceso independentista fue producto de la maduración de una nacionalidad preexistente. De esta manera, Mitre rastrea una identidad nacional previa a la consolidación del Estado-Nación argentino en 1880 y sentencia que la revolución se dio por tal proceso madurativo para romper con la metrópoli.
Por su parte, Manfred Kossok, de extracción marxista, aporta su visión materialista histórica de la emancipación colonial. Él postula que fue una revolución burguesa y que la independencia se dio desde la colonia hacia la metrópoli por tal motivo.
John Lynch, en su trabajo “Las revoluciones americanas” pretende demostrar que las revoluciones se dieron como reacción de las elites locales ante el intento de la corona por retener a las colonias por medio de las Reformas Borbónicas. Al igual que Kossok afirma que las revoluciones se dieron desde las colonias hacia la metrópoli.
Halperín Donghi pone en cuestión tanto la hipótesis de preexistencia de la nación y la perspectiva sostenida por Kossok y Lynch en referencia a que las revoluciones comenzaron desde dentro de las colonias. Sostiene que no existe tales características “prenacionales” y que las revoluciones americanas tuvieron como factor de inicio la crisis de la corona española junto con la invasión napoleónica de la península ibérica.
Françoise Javier Guerra complementa la hipótesis de Halperín Donghi afirmando que además fue una revolución relacionada con la dicotomía “antiguo régimen vs modernidad política”. Asimismo amplía la perspectiva refiriéndose a que las revoluciones son hispanas y que ocurren en la metrópoli y en las colonias. El nivel de análisis de Guerra está puesto en el ámbito de las representaciones políticas.      
En tal sentido, y poniendo su óptica en las representaciones José Carlos Chiaramonte, en su trabajo “Formas de identidad en el Río de la Plata luego de 1810”, refuta la tesis mitrista de la preexistencia de la nación sosteniendo que el Estado Nación moderno es un resultado histórico y que la independencia es un fruto del derrumbe de los imperios ibéricos. Por otra parte enuncia tres variantes de identidad política: la hispanoamericana; la rioplatense y la provincia, identificando en estas últimas dos ciertos conatos “nacionales” o “locales”. A su vez discute a Kossok cuando afirma que no existió tal “burguesía capitalista” que haya madurado y sea vectora de la revolución.
2.B. Escenarios. Geografía y economía.
  Los escenarios de esta etapa fueron variando dramáticamente al ritmo del control territorial, la continuidad económica y la participación política. Es necesario observar un factor unificador en cada uno de estos aspectos, por ejemplo, la pérdida del Alto Perú a principios del siglo XIX quebró la continuidad económica que brindaba el comercio de metales preciosos, acotando así la geografía económica del moribundo virreinato.
En el aspecto puramente geográfico y económico, Halperín Donghi (1972) realiza una pormenorizada descripción de las distintas regiones del virreinato con sus particularidades económicas. En tal sentido, Chiaramonte en su texto “La dimensión atlántica e hispanoamericana de la Revolución de Mayo” amplía el espacio de análisis incluyendo toda América, la península ibérica y las Islas Británicas. Así, “el concepto de lo atlántico es así considerado un esfuerzo por trascender los límites de las historiografías nacionales y ubicar en esa amplia perspectiva no sólo las particularidades de cada caso nacional o regional, sino también las a veces sorprendentes similitudes de los mismos (…)” En este sentido, Chiaramonte analiza a Guerra, entre otros autores y destaca su conceptualización dicotómica entre “lo moderno”, representado por la Ilustración francesa y lo “tradicional” relacionado con la metrópoli española, estableciendo un nexo entre las conmociones políticas sucedidas en Francia y España y las diferentes revoluciones hispanoamericanas. Guerra, además, pone en cuestión el nivel de análisis de Mitre, al ser éste de tipo local-colonial. Por su parte Marcela Ternavasio observa cierta insuficiencia de este paradigma al analizar la realidad política posterior a 1810: “(…)En cuanto a la segunda dimensión señalada en el punto anterior respecto de la noción de revoluciones hispánicas, decía que si bien es muy útil para revisar los viejos puntos de partida y demoler tanto los presupuestos modelados sobre la visión nacional estatalista como los fundados en la idea de que aquellas representaban una desviación del paradigma democrático de las revoluciones atlánticas, puede resultar insuficiente para el itinerario posterior a la crisis y especialmente para el período abierto en 1810 en ciertas regiones del imperio”.
Abordando el aspecto económico, el trabajo “El mundo rural en transición” de Gelman retoma la descripción de los circuitos económicos coloniales de las áreas rurales y cómo la fractura territorial reconfiguró las economías regionales y generó una oleada de migraciones internas, destacando la región del litoral como un zona receptora de esa migración. El autor comenta que el fin del período virreinal se caracterizaba como un “(…) espacio económico interregional, en el cual las distintas regiones tendían a especializarse en diversos bienes agrarios o artesanales (…)”. Además, analiza las crisis de las economías regionales luego de las Reformas Borbónicas, las cuales permitieron el ingreso de importaciones europeas provocando una competencia y la consecuente ruina de los circuitos económicos locales. Sin embargo, la abundancia de tierras y la reproducción salvaje de ganado fue perfilando al sector pecuario como un vector de crecimiento económico, por medio del cual se asentaron grandes estancias junto a pequeños y medianos productores. 
En este contexto, pueden encontrarse esclavos africanos que llevaban adelante las tareas de las estancias, junto a pequeños productores que, como complemento de su economía de subsistencia, se acercaban a las grandes estancias para trabajar por un salario. 
En relación a Buenos Aires, era el puerto por donde salía hacia la metrópoli la plata que llegaba desde Potosí y el lugar de entrada de productos europeos: “(…)Las exportaciones del puerto, si bien recibieron el aporte de las pecuarias, continuaron estando constituidas fundamentalmente por metales preciosos producidos en los Andes, y recogidos por los comerciantes a lo largo y ancho de todo el Virreinato. A cambio de ello reintroducían bienes europeos, que a su vez distribuían por todo ese mismo espacio, nuevamente en la busca del metálico (…)”.
Como se mencionó anteriormente luego de la Revolución, las diferentes regiones debieron readaptar sus economías a la nueva realidad sociopolítica Las regiones mas favorecidas en este contexto fueron el Litoral, La Banda Oriental y Buenos Aires. Esta última se centró aún mas en el intercambio comercial con Europa, en el cual fue tomando cada vez mas preponderancia los bienes pecuarios y sus derivados. A partir de esta nueva coyuntura, la expansión de la frontera con los pueblos originarios pasó a ser un aspecto clave. Así, Buenos Aires aumentó enormemente el territorio controlado. Como bien concluye Gelman: “Al final del período, el resultado es un nuevo equilibrio económico pero también demográfico de todo el territorio del ex Virreinato, que ha dejado de favorecer a las regiones del interior y ahora aparece claramente beneficiando a ese litoral, y que mira hacia el Atlántico en busca de mercados y mercaderías, pero que también observa los mercados regionales y sobre todo a los migrantes -todavía del norte, más adelante de Europa- que le permiten emprender la expansión agraria, que sin ellos hubiera sido impensable”.  
Para completar el panorama económico es menester interrelacionar estos últimos conceptos con el texto de Schmit, "El comercio y las finanzas públicas en los estados provinciales". Este autor analiza un amplio espacio temporal, culminando en el período de los Estados Provinciales, o sea, después de 1820, cuando fracasó el intento de organización “nacional” del Partido del Orden. Dicho texto aborda los pormenores de las economías provinciales, en relación a su perfil productivo y financiero. Es interesante destacar que utiliza la palabra “finanzas” la cual hace suponer la existencia de una entidad estatal. En relación a esto, el autor también pone en cuestión aquella visión teleológica que imprime la historia mitrista sobre el surgimiento y consolidación del Estado Nacional. 
Habla también del proceso de disgregación política y económica sufrido por la región luego de 1810: “Y fue recién a partir de la década de 1820 cuando comenzó a configurarse un nuevo orden estatal a través de la gestación de Estados provinciales, que a partir de 1831 conformaron una Confederación de provincias”. De esta manera, en la segunda parte del texto reduce la escala de análisis a los Estados provinciales, cuando en comparación, Gelman analizaba todo el espacio tardo virreinal. Sin embargo, relaciona las economías de los Estados provinciales con el gran espacio económico atlántico.
Como se mencionó en el párrafo anterior, el autor utiliza un gran espectro temporal para analizar rupturas y continuidades en las distintas configuraciones económicas de las provincias. Comienza su abordaje en 1550, luego del auge minero de Potosí y menciona como hito a las Reformas Borbónicas las cuales ratificaron a Buenos Aires como centro económico-financiero del virreinato, centro en el cual desembocaba el circuito económico interno.  Luego de 1810, esa unidad económica se rompió y los espacios económicos del interior se fueron reconfigurando ante las nuevas coyunturas: “Las cuentas públicas de la azarosa década de guerras independentistas entre 1810-20 muestran que la separación del Alto Perú produjo la pérdida completa de los ingresos provenientes de Potosí, mientras la dinámica revolucionaria originaba gastos crecientes. En ese contexto la aduana se fue transformando en el principal proveedor de recursos con un 46,4 por ciento de los ingresos entre 1811-15, pero sin lograr compensar los ingresos que anteriormente se recibían desde Potosí. Por ello, durante esta etapa inicial se recurrió muy frecuentemente a tomar recursos de las contribuciones forzosas y los préstamos que "solicitaba" la caja fiscal de Buenos Aires a los capitalistas para cubrir el déficit permanente (…)”
 El resultado puede verse mas claramente luego de 1820, siendo Buenos Aires la provincia que más beneficios fue obteniendo. Así lo manifiesta Schmit: “(…)Unido a ese despegue de la economía ganadera, el Estado bonaerense iniciaba una transformación de sus estructuras financieras para sanear los gastos de la etapa revolucionaria y comenzaba a definir su política de ingresos. El nuevo eje estaba basado en el reemplazo del fuerte peso de las remesas metálicas altoperuanas por los ingresos aduaneros, que desde entonces pasarían a ser el sostén de la política fiscal”.
En otro inciso del texto el autor recurre como fuente a los guarismos arrojados por el comercio ultramarino de cueros, comparando las exportaciones bonaerenses con las del resto de las provincias entre 1836-1850. También analiza series de cifras al abordar la temática del gasto público y el déficit, donde afirma que luego de 1820, el gasto militar fue el mas alto dentro de las deficitarias matrices financieras provinciales.
Por último, esos déficits provinciales producto en gran medida de las desgastantes guerras, dejó a los Estados provinciales en una debilidad económica financiera que sería aprovechada por el gobierno bonaerense de Rosas para establecer relaciones clientelares y ganarse adeptos.
2.C. Actores. Estado, elites y sectores populares. 
 A modo de introducción a este eje resulta adecuado citar el texto de Raúl Fradkin “Los actores de la revolución y el orden social”. En este ensayo el autor comienza abordando la problemática a través de un debate historiográfico relacionado con el rol de los sectores populares y las elites en el proceso revolucionario del río de la plata. De esta manera cita el contrapunto entre Bartolomé Mitre y Dalmacio Vélez Sarsfield. Asimismo identifica cierta correlación entre los temas centrales de las investigaciones y los períodos en los que viven los investigadores: “(…)si hace cincuenta años la revolución y la dependencia eran los temas centrales de las ciencias sociales latinoamericanas, a fines del siglo XX la ciudadanía y la gobernabilidad habían pasado a ocupar el lugar estelar (…)”. Además, presenta otro debate paralelo al anterior en donde se enfrentan (o confluyen), dos perspectivas: “continuidad o ruptura”, en un contexto de separación de la historia política y la historia económico-social. 
En un sentido mas preciso, Fradkin traza un derrotero historiográfico sobre la relación entre política y sociedad el cual comienza con la hipótesis de Halperin Donghi: “(…) Halperin Donghi propuso que la revolución había significado el fin del pacto colonial (y a más largo plazo la instauración de uno nuevo) y que tras cuarenta años se había pasado “de la hegemonía mercantil a la terrateniente (…)”. Esta idea se contrapone con la observación de Chiaramonte en la que observa correlación entre las estructuras estatales posrevolucionarias y el contexto socioeconómico. Ruptura vs continuidad.
En relación a la cuestión estricta de los actores, el autor trae a colación dos enfoques: ““desde arriba y desde el centro” (centrada en las instituciones, las prácticas y las formas de sociabilidad política, y por lo tanto, en las ciudades, las elites y los Estados) y otra que puede denominarse “desde abajo y desde las periferias” (que intenta dar cuenta de las historias de las resistencias, de las culturas políticas populares y sus formas de acción colectiva, y por tanto, más atenta a los universos campesinos e indígenas y a las realidades sociales locales)”.
En esa perspectiva desde abajo, Fradkin echa luz sobre los factores movilizadores de los sectores populares y analiza el mas importante de ellos: la militarización. De factor heterogéneo, complejos, diverso y atomizado, la militarización ha sido el vehículo de participación política y de movilidad social ascendente por excelencia. Las elites han buscado tener una base de apoyo social en las milicias y quienes se sumaban a las milicias han visto en la militarización una vía para mejorar su situación económica.
Para finalizar, Fradkin sugiere una apertura hacia el estudio de los sectores populares, subalternos o “bajo pueblo” con el fin de dar cuenta de la heterogeneidad de alianzas y coaliciones interétnicas que se dieron entre los diferentes actores del período posrrevolucionario.
Entonces, es necesario rescatar el debate entre Halperin y Chiaramonte en torno a las características del Estado luego de la revolución. Para ello, es menester traer a colación uno de los actores principales dentro del Estado: el cabildo. El Cabildo de Buenos Aires representaba a los vecinos de la ciudad y legislaba en consecuencia. Popularmente se lo consideraba una autoridad paternal y el padre de la patria. Por medio del cabildo se articulaba la participación política de diferentes sectores sociales: las elites y las luchas facciosas, los sectores populares y sus reclamos en forma de “pueblada” o de “democracia directa”. Esta institución actuó en paralelo con los diversos intentos de organización política que se sucedieron en el decenio 1810-1820.
Dentro de ese Estado hay que resaltar también el rol del Virrey. Uno de los mas destacados, el Virrey Liniers, fue erigido con un fuerte respaldo de las milicias luego de los combates contra los ingleses y la reconquista de Buenos Aires. Su virreinato duró de 1807 a 1809. 
Para caracterizar a las elites hay que aclarar primero algunas cuestiones. La mayoría de los textos analizados otorgan mas importancia a la elite bonaerense que a la del resto de las regiones. Así las elites virreinales de buenos aires pueden definirse como compuestas de burócratas estatales y comerciantes ultramarinos, lo cual representó en gran medida un factor de continuidad luego de la revolución. Gelman (2001) se encarga de desmitificar esa concepción de las elites como grandes terratenientes coloniales: “(…)Las elites de Buenos Aires estaban formadas sobre todo por comerciantes, podían tener algunas chacras en los alrededores de la ciudad y si raramente invertían algo en la campaña preferían quizás a la Banda Oriental o al litoral hacia el norte. Pero incluso así, esas extensas propiedades representaban muy poco en el conjunto de los negocios de esas familias.” 
En cuanto al aspecto político las elites se han enfrentado entre sí por el control de los órganos de gobierno. De esta manera, en la etapa temprana de la revolución se observa una lucha facciosa entre morenistas y saavedristas, luego de 1812 (hasta la caída del Directorio en 1820) irrumpe en la arena política la Logia Lautaro con el fin de concentrar los esfuerzos de tipo bélico y económico para derrotar a las tropas realistas.
Para hablar de los sectores populares es necesario traer a colación nuevamente la importancia que tuvo la militarización temprana con el objetivo de combatir las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Las milicias estaban compuestas por miembros del bajo pueblo en los escalafones mas bajos, llegando estos a ocupar algunos puestos de oficiales. Estos oficiales eran elegidos entre los soldados y por los soldados. Dentro de estos cuerpos militares podían encontrarse criollos, mulatos y esclavos-libertos. Di Meglio en su texto “Un nuevo actor político para un nuevo escenario…” aborda puntillosamente el rol de actor político de la plebe urbana desde 1810 a 1820. Utiliza como fuentes a autobiografías, relatos de viajeros, la prensa y documentos judiciales. 
El autor defiende el uso de la palabra plebe sobre la base de que era utilizada por las elites para referirse despectivamente a este grupo, el cual era heterogéneo étnica y ocupacionalmente y era analfabeto casi en su totalidad. 
Las elites interpelaban a la plebe y las involucraban en sus luchas de poder. Dichas interpelaciones desde arriba se daba de distintas formas: a través de los oficiales de milicia, los alcaldes de barrio, la lectura de los bandos en las calles e iglesias y en las numerosas fiestas revolucionarias, muy importantes estas para difundir cierta identidad localista. En este sentido la plebe participó de la vida política y pública de tres formas distintas: 
- En las celebraciones y fiestas antes mencionadas, las cuales además de reforzar el factor identitario otorgaban una igualdad simbólica y oficiaban de vehículo de propaganda política; 
- En la intervención entre conflictos facciosos. El 5 y 6 de abril de 1811 Saavedra convoca a la plebe para que presenten un petitorio de remoción de funcionarios morenistas; el del 23 de septiembre de 1811 (que marca el fin de la Junta Grande y el comienzo del Primer Triunvirato) y el 8 de octubre de 1812, cuando cae el Primer Triunvirato y se nombran a otros tres miembros provenientes de la Logia Lautaro; en la derrota de Alvear de abril de 1815; y en 1820.
Como se puede observar, Di Meglio caracteriza a la plebe urbana como un actor político activo y de importancia.
En relación a esto cabe destacar la fuente llamada “Diario de un soldado” la cual es escrita por un miembro de las milicias, quien escribe los avatares de las movilizaciones, las conspiraciones políticas y grafica la participación de los sectores subalternos en el devenir histórico a partir de 1806. Además deja traslucir cuestiones relacionadas con la dinámica económica, la incertidumbre por saber si van a cobrar por sus servicios y da cuenta de los principales acontecimientos históricos desde la perspectiva de un soldado apenas alfabetizado.
Para completar la perspectiva “desde abajo” hay que asociar a este último texto el de Bragoni, “Esclavos insurrectos”. Echando mano a una perspectiva microhistórica, esta autora analiza un proceso penal que el gobierno central llevó a cabo contra esclavos por sospechar que estaban tramando un levantamiento para obtener la libertad e integrarse a los ejércitos. Cargados de conciencia política, la visión de la autora visibiliza a los esclavos como actores sociopolíticos y los saca de la ignominia historiográfica. Lejos estaba dicho levantamiento de ser uno de tipo anarquista sino que los negros proclamaban lealtad a la Patria y al gobierno central: “En rigor, la asociación entre lealtad a la Junta y libertad civil había impregnado la atmósfera provinciana desde los primeros tiempos revolucionarios, y había ganado vigor durante el tiempo de Cuaresma cuando los negros pretendieron asaltar el cuartel para exigir la libertad a sus amos y al gobierno” .
  3. 1820-1854. DEBATES, ESCENARIOS, ACTORES  
Después de la Batalla de Cepeda, se redefine el espacio como “provincial”, se incluye la campaña al espacio político económico general, la legitimidad ya no es ni monárquica ni revolucionaria centralista, y surgen nuevos actores en un escenario descentralizado. Las reformas rivadavianas intentan “modernizar las estructuras económicas políticas y sociales”. Además, historiográficamente surgen nuevos debates.
3.A Debates: Clase terrateniente, Estado y Caudillos
En relación a los debates historiográficos que interpelan este período cabe mencionar la hipótesis historiográfica que hace del estado y la clase terrateniente un solo actor político, o que “la clase terrateniente era el núcleo del Estado” principalmente sostenida por el revisionismo histórico. En ese sentido Halperín Donghi en “Clase terrateniente y poder político” enuncia que son dos actores diferenciados y con una relación de tensión y ambigüedad entre sí, cuyo punto de partida puede rastrearse en 1820 a través de la expansión de la campaña bonaerense. La hipótesis central de este trabajo es que “hay un estado mas maduro que la clase terrateniente en formación”. En este marco, el advenimiento de Rosas al poder ofició de organizador y pacificador, favoreciendo el desarrollo económico de las elites pero a su vez siendo éstas objeto de “pedidos de apoyo” y de confiscaciones por parte del régimen rosista. Un factor de conflicto entre el Estado y las clases terratenientes era la escasez de mano de obra, ya que al factor demográfico estructural se le agregaban las repetidas levas del ejército para ir a combatir a los enemigos internos (federales vs unitarios) o externos (Guerra contra Brasil).
Otra hipótesis relacionada a la anterior es la relacionada con el “consenso agroexportador”. Este aspecto es puesto en cuestión por Gelman (2010) y Fradkin en "La experiencia de la justicia: estado, propietarios y arrendatarios en la campaña bonaerense”. Ambos autores otorgan gran capacidad de agencia a los sectores populares que enfrentaron el avance del orden propietario de las reformas rivadavianas. Los pobladores de la campaña se apoyaban en el derecho consuetudinario frente a la asonada modernizadora rivadaviana.
El debate es el relacionado a la caracterización de los caudillos y su relación con los sectores populares puede abordarse a través de los textos de John Lynch, “Rosas y las clases populares de Buenos Aires” y el de Pilar Gonzalez “El levantamiento de 1829…”. 
Lynch revisa las bases económicas de los caudillos (puntualmente a Rosas) y los proyecta desde la estancia a la política. Para el autor son superpatrones que movilizan relaciones de poder, basadas en el binomio patrono-cliente a través de la estancia: “(…) Aunque Rosas estaba lejos de ser un demócrata, decidió que el nuevo equilibrio era irreversible, y se puso a la cabeza del peligroso sector popular a fin de controlarlo y utilizarlo. Hizo de las masas rurales a la vez su clientela y la base de su poder(…)”
Pilar Gonzalez, por su parte debate con Lynch y postula que  las relaciones entre Rosas y los sectores populares no son verticales sino horizontales, de conveniencia. Para ello analiza la composición y los móviles de la “revuelta popular” de 1829, negando que la misma haya sido fruto de la movilización “desde arriba” a través de relaciones clientelares. La autora llega a la conclusión opuesta, a saber: que dicha revuelta generó determinadas identidades horizontales que son prueba refutatoria de la verticalidad advertida por Lynch. En palabras de la autora: “Que Rosas haya sido la autoridad reconocida por todos, de ello no cabe la mínima duda. Pero de allí a negar toda identidad a la revuelta, hay un paso que no consideramos conveniente dar. Primero, porque las fuentes nos sugieren lo contrario. Segundo, porque aunque aceptásemos la existencia de vínculos de clientela, deberíamos preguntarnos si la participación en la revuelta no genera ya una identidad común de los alzados, aunque sea por la necesaria representación del enemigo que remite a una identificación de aquellos.”   
En relación a la figura de Rosas resulta importante mencionar el texto de Goldman y Salvatore “Caudillismos Rioplatenses”. En uno de los incisos de dicho trabajo los autores abordan la representación que diversos sectores tenían sobre Rosas y su gobierno. De esta manera presenta la hipótesis de que Rosas se muestra como el realizador del ideario de Mayo, lo cual dialoga directamente con la hipótesis de Halperin Donghi quien enuncia que “Rosas es el hijo legítimo de la Revolución”. 
3B. Escenarios provinciales. La ciudad y la campaña.
Luego de un nuevo intento fallido por dar una “organización nacional” supraprovincial, los estados provinciales surgen como escenarios de diferentes disputas y procesos.
Después de un largo proceso que incluyó migraciones internas y alteraciones en la matriz económica que comenzó luego del desmembramiento del espacio virreinal, las zonas rurales comenzaron a tener mayor centralidad en la vida política y económica de los Estados Provinciales. Grandes porciones de territorio escasamente habitado, abundancia de recursos y una esquiva mano de obra eran las principales características de las zonas rurales en donde aún primaba la economía de subsistencia y una baja tasa de proletarización de su población. Las Reformas Rivadavianas buscaron modificar estas condiciones aplicando las tesis del liberalismo político y así buscó la formación de un Estado Moderno. Rivadavia fue ministro de Martin Rodriguez y las reformas fueron llevadas a cabo durante el período de la “Feliz Experiencia”, una etapa de paz y prosperidad que sobrevino luego de la batalla de Cepeda y que tuvo como principal característica el usufructo exclusivo de las regalías aduaneras. 
Si bien también podría citarse para caracterizar a los actores políticos, Ternavasio con su texto “Las reformas rivadavianas” comenta los propósitos de esta serie de reformas y así da una descripción de la modificación del escenario posrrevolucionario y la ruralización del poder. La autora expone que lo pretendido era que el derecho positivo se imponga en la campaña, frente al derecho consuetudinario. En el plano económico se buscaba convertir en jornaleros a los habitantes y formalizar las relaciones de propiedad, las cuales como se enunció anteriormente recalaban en ciertas costumbres practicadas por generaciones y legitimadas por tal motivo. 
Por otra parte también se buscaba terminar con el ejercicio de la “democracia directa” plasmado en la forma de hacer política que se tuvo hasta ese entonces: las puebladas frente al Cabildo, la firma de petitorios y la apelación a la movilización. Esto se realizó a través de la ampliación del ejercicio del voto a la campaña y a la supresión de los dos cabildos de la provincia: “Entre sus disposiciones más importantes, aparecen el sufragio amplio -al otorgarse el voto activo a "todo hombre libre" mayor de 20 años- y el voto directo. La ausencia de restricciones legales al ejercicio del voto activo condujo a la historio-grafía posterior a identificar la ley electoral de 1821 con el sufragio universal.”.  Así se buscaba el voto masivo para la legitimación del proyecto elitista y para terminar con las ya mencionadas viejas prácticas. 
Así como se intentó llevar adelante estas reformas, también se observaron mecanismos de resistencia a la misma. Este tópico se va a abordar mas adelante.
3C. Actores: Estados, elites, sectores populares y caudillos
Aquí se puede volver al texto de Ternavasio para carcterizar “desde arriba” al proyecto de las elites para legitimarse y controlar los sectores rurales. Dichas elites estaban conformadas por viejos actores militares y grandes hacendados. Por otra parte cabe también refrescar la tesis de Halperín anteriormente citada por medio de la cual refuta a Barrington Moore y pronuncia que las elites y los estados (provinciales y los diversos intentos nacionales) no son uno sino que tienen una relación de tensión. Esta tensión, según el autor, radica en dos factores principales: las constantes levas para la guerra, tanto hacia dentro (unitarios vs federales) y hacia fuera (Banda Oriental y Brasil) que le quitaba brazos para la labranza y la recaudación de impuestos y tributos.
Los sectores subalternos de este período están caracterizados en el texto de Fradkin “Ley, justicia y sociedad rural en Buenos Aires”. Usando los diversos juicios del período como fuente de análisis el autor, desde una perspectiva “desde abajo”, aborda las características de la sociedad rural y su resistencia contra el avance de las reformas rivadavianas. En este caso se pueden ver a las elites y el estado en una eventual confluencia, buscando “ordenar y controlar” a los sectores populares rurales: “Estos procesos se combinaron con una creciente preocupación de las autoridades y de los sectores propietarios por asegurar el orden social rural, afirmar los derechos de propiedad de los recursos y el control sobre la fuerza de trabajo.” La forma de “asegurar el orden social” sería la erradicación del derecho consuetudinario. En el ámbito rural, la justicia era impartida por vecinos y no por funcionarios del Estado. Así el autor traza un panorama de tensión y necesaria negociación entre la implementación de las nuevas normas y las costumbres de los pobladores de la campaña.
El texto de Salvatore “Expresiones federales” permite ilustrar y dar dinámica a la interacción de los actores sociales en el período rosista. El autor demuestra que hay federales de sectores altos y de sectores bajos y que la ambigüedad en la definición de “federal” permitió cosechar un amplio apoyo de distintos sectores sociales. A partir de las prácticas sociales, el autor observa que existen distintos tipos de federales según su adhesión o apoyo y que el pretendido ideal igualitarista del federalismo se contradecía con esa exaltación de las diferentes formas de adhesión, provocando el efecto contrario, o sea la fragmentación y la desigualdad.
En cuanto al último actor que queda por analizar, los caudillos, puede abordarse a través del texto de Myers “Las formas complejas del poder” y de la obra de Goldman y Salvatore “Caudillismos Rioplatenses”. En el caso de Rosas, el texto de Fradkin y Gelman “El sistema Rosas” ilustra y pone en perspectiva al régimen rosista. 
 Myers, en el inicio de su texto analiza las caracterizaciones de la palabra “caudillo” que se encuentran en la obra de Sarmiento. El sanjuanino ubica a la figura del caudillo en contraposición al concepto de “civilización”, de modo que el caudillo vendría a representar la antítesis de la república: “Implicaba su ejercicio un desplazamiento de las diferencias naturales basadas en el mérito individual por una igualdad ilegítima-"la igualdad por las patas"-, y la entronización de una forma de poder que prescindía de toda formalización, ya que interpelaba directamente a las emociones, las pasiones, la esfera instintual de los seres humanos, antes que a la tradición o a la razón.”El análisis de Rosas y su gobierno llevaría a la contradicción de Sarmiento, la cual él mismo daría cuenta. Sarmiento revisa su caracterización típica del caudillo y le otorga a Rosas rasgos excepcionales, afirmando que tuvo que “civilizar” su “barbarie”, dominar aquella impulsividad bárbara y someterla al raciocinio, al pragmatismo, al cálculo preciso en el gobierno. Esta idea será tomada luego por Gelman y profundizada.
Para Gelman, en el “Sistema Rosas”, redundantemente Rosas viene a representar un sistema, el cálculo, la organización. Rosas reivindica el republicanismo romano y echa mano a la institucionalidad rivadaviana para dar orden a la caótica sociedad bonaerense de luego de 1829. También caracteriza al régimen rosista como un factor de freno ante la revuelta popular: todos pierden si hay caos social. La habilidad de Rosas para interpelar tanto a las clases populares como a las elites provocó consensos y disensos. Esto se observa en el equilibrio que debe hacer entre la “restauración” de las leyes rivadavianas y el derecho consuetudinario, en relación al poblamiento y usufructo de tierras. A esto se le suma también un factor mencionado por Myers y por Ternavasio, el “unanimismo”, factor consagrado en el otorgamiento de “La suma del poder público”. Además puede observarse el equilibrio que realiza al declarar, por ejemplo, en la entrevista a Santiago Vazquez: “En fin, todo lo que yo quiero es evitar males y restablecer las instituciones, pero siento que me hayan traido á este puesto, porque no soy para gobernar”
La capacidad negociadora de Rosas se ve mas allá de la campaña, tejiendo alianzas con los “indios amigos” y a su vez realizando conquistas de territorios por vía militar.
Para finalizar, es importante abordar las consideraciones finales que realiza Gelman sobre el “sistema Rosas”. Destaca que logró traer estabilidad política, un crecimiento económico a pesar de los embargos el cual fue vector de una transformación social sim precedentes. Y a continuación expone una idea central en relación al régimen rosista: “En este sentido, el rosismo terminó constituyéndose en una fase decisiva de la configuración del capitalismo agrario pampeano. Pero en buena medida pudo tener esos significados en la historia rioplatense porque no sólo había surgido como fruto de la activa movilización de las clases populares sino también porque pudo gobernar tantos años manteniendo y reproduciendo esa adhesión hasta terminar por convertirse en una eficaz herramienta para su disciplinamiento y para el control social”  










4. BIBLIOGRAFÍA
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FUENTES:
* Fragmentos del  Diario de un soldado. Selección y transcripción de María Inés Schroeder En  Gustavo Paz (Coord) Deste este dia adelante revolución, Voces del 25 de Mayo de 1810  Buenos Aires, Eudeba, 2010
* Entrevista de Santiago Vázquez a Juan Manuel de Rosas. Material de cátedra.
* Biografía en verso de Luis Pérez

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