EL BOMBERO PIROMANÍACO. TERRORISMO, ESTADO DE EXCEPCIÓN Y DEMOCRACIA

  Tal vez el concepto que tendencialmente puede abarcar y explicar algunos procesos históricos del tiempo presente es el de “Estado de excepción”. Con el pretexto de la “guerra contra el terror”, el poder hegemónico mundial (llámese EEUU, OTAN o sus consortes europeos y asiáticos) impone una fuerza en el terreno que viola cualquier esquema legal tanto intra estatal como internacional. Tan solo cabe recordar que invadieron Irak con pruebas falsas sobre “armas de destrucción masiva”. Podría inferirse que en plena era de la posverdad, la verdad y el poder todavía siguen naciendo “de la boca del fusil”, como decía Mao.
  
Anamnesis  
  El estudio de la historia y las ciencias humanas en general es un efectivo elixir contra el olvido sistemático. Así, es perentorio recordar cómo surgió el “terrorismo islámico” al cual “occidente” dice combatir por el bien de la civilización. La CIA entrenó y financió a grupos islamistas de lo más reaccionario para derrocar la llamada Revolución de Saur en Afganistán, de orientación socialista pro soviética. Como lo reconoce Robert Gates, el director de la CIA durante el conflicto, la central de inteligencia estadounidense entró en la dinámica histórica afgana seis meses antes que los soviéticos, el 3/7/79 apoyando militarmente a los radicales islámicos.

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  He aquí el huevo de la serpiente. Todo el desarrollo histórico ulterior en el cual distintos actores invocan el estado de excepción en pos de “combatir el terrorismo” nace en este momento. El financiamiento estadounidense, sumado a la ideología wahabita, que es ideología de estado en Arabia Saudita y Qatar crearon este monstruo que hoy está siendo derrotado en Siria por medio de armamento soviético… un verdadero acto de justicia histórico poética.

  "Democracia" puertas afuera
  Los medios masivos de comunicación también bombardean. En consonancia con los intereses de los grandes centros de poder, intentan estructurar un coherente discurso para otorgarles un blindaje discursivo. Así, aplicando ciertas interpretaciones restringidas (alternancia en los cargos y elegibilidad de los representantes) relacionadas a los conceptos de totalitarismo y democracia, no permiten observar que el presidente sirio Bashar al Assad fue elegido por el 80% de la población siria en 2014, mientras que en las elecciones de EEUU, al ser por colegios electorales, quién obtuvo más cantidad de votos no fue elegido presidente: Hillary Clinton obtuvo 65 millones de votos contra casi 63 que logró Trump. Pero el universo de votantes es de 214 millones de personas de las cuales 146 millones están empadronadas, así se llega a la conclusión de que Trump fue elegido por el 28,9% de la población estadounidense. O sea que la potencia hegemónica, quién actúa como el comisario global de la democracia y los derechos humanos, quién hace y deshace gobiernos a su antojo, tiene un presidente cuya legitimidad es del 28,9%. Entonces aquí es cuando cabe preguntarse si es coherente que un país cuyo presidente goza de tan baja legitimidad intente realizar “cambios de régimen” o de lecciones de democracia. Y si las da, los historiadores tenemos que tener las herramientas teóricas adecuadas para desmontar esta y otras falacias.
  



[1] Traducción del título: “Sí, la CIA entró en Afganistán antes que los rusos”. Artículo publicado en la revista francesa Le Nouvel Obs. https://www.les-crises.fr/oui-la-cia-est-entree-en-afghanistan-avant-les-russes-par-zbigniew-brzezinski/

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